Acarició suavemente
los listones de madera del banco. Volvía de nuevo al punto de
partida, sentada en aquel parque donde esperan los ilusos, los que
creen que las cosas un día cambiaran. Sacó un diario negro de su
ajada gabardina, y arrancó un par de hojas. Las había escrito con
ilusión, con esperanza. Pero no recordaba que el punto final siempre
acababa allí, bajo el roble, en un triste otoño caduco, dejando que
miles de papeles rotos flotaran en el viento, a la deriva. Dejo
extraviada al frente la mirada, ahora mil recuerdos amargos le
inundaban el paladar de hiel. Había llorado demasiado por aquellas
ahora perdidas esperanzas, que volverían para recordarle cuan
estúpida podía llegar a ser, ilusa.
Se retorció los
dedos, quizás quisiese sin saberlo castigarse, imponerse una pena
por su simpleza, por su falta de coherencia, por prometerse una y
otra vez salvar aquellos amargos escollos que la sepultaban. Suspiró,
de nada valía lamentarse, y aunque hace unos años hubiese llorado
amargamente por el dolor que supone la desabrida realidad, solo
suspiró y pensó para si misma:
- 'La próxima vez, seguro que duele menos'
- 'Seguro......'- se repitió, apaciguando su congoja.
Guardó su
estropeado y negro diario. Volvería a escribir palabras de ilusión
en él, pero de nuevo las arrancaría, y se sentaría en el banco de
los estúpidos a recordar que no vale la pena esperar.
Con un pinchazo de
dolor en su destartalado librillo oscuro, se levantó del banco, y
con una mano en el pecho y la otra en un bolsillo, echó a caminar
parque arriba.
Laura
Gil Moreno de Mora Feijoo
Como siempre muy intimista y tremendamente poético!! Y pese a ser triste tiene un hermoso toque de esperanza escrito en esas páginas del estropeado y negro diário!! Como mencione hace algunos escritos, no dejes nunca de escribir, la realidad no lo soportaría ;)
ResponderEliminarGracias Paco, :) Gracias de verdad, me animan enormemente tus comentarios ^^
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