martes, 24 de julio de 2012

Música para leer ROJO

http://www.youtube.com/watch?v=ZJPUu1wev3o&feature=my_liked_videos&list=LLjx3qaNBAJ3e1nhwxHL7fXQ

ROJO


Quería escribir un cuento, una historia de hadas y mariposas, quería hablar de belleza y fantasía, de inocencia e ilusión. Tomó su pluma con delicadeza y al son de aquella canción, sin apenas darse cuenta rasgó el papel, rompiendo el silencio del miedo con la verdad. Y no hubo cuento de hadas, tampoco mariposas, perdió la inocencia y la ilusión. Con tinta roja dibujó la sangre que valía un par de diamantes en África, señaló el precio de unas cuantas vidas y como el ser humano continua comiendo carne de su propia especie para subsistir cómodamente.

Tuvo que dejar la pluma un momento, se le había revuelto el estomago, y apenas podía contenerse. Era una caníbal mas de aquel grupo de individuos carnívoros que expectantes arrasaban a su paso, viviendo al máximo, sin poner resistencia a aquella barbarie. El sabor a sangre le llenaba la boca.
Sus manos, manchadas de rojo, la marearon, era responsable de aquellas muertes, era culpable del genocidio humano, porque vivía de el, porque su bien estar se cimentaba en cadáveres de hombres, mujeres y niños, que con muecas desorbitadas miraban a la muerte absurda que se los llevaba, preguntándose porque.

De nuevo con la punta de su negra pluma, enumeró las mentiras que movían el mundo. Comentó los asesinatos que habían provocado morbo en las noticias, alumbrando exclamaciones hipócritas de falsa preocupación. Dibujo lagrimas negras, de pegajoso alquitrán que inexorable, devoraba la Tierra, los ojos inocentes de un niño pobre, que jamas podría crecer. Un corazón de arcilla quebrado, roto, aplastado por la realidad, el suyo propio.


Laura Gil Moreno de Mora Feijoo

domingo, 15 de julio de 2012

Música para escuchar COLONIA

http://www.youtube.com/watch?v=k-JjDpyJ5a8

COLONIA



Barrió con sus ojos la calle. El cielo nublado pintaba de gris las casas y la vida parecía bailar a otro son cuando la lluvia de octubre limpiaba la ciudad. Y entonces cayó en la cuenta, de que puede que se le escapase la vida sin decidirse. Dejandola pasar de largo, sobreviviendola, como un soldado de las largas noche de insomnio, como un atrincherado de los días de incertidumbre.

Evocó las tardes de esperanza, cuando siendo niño contemplaba las nubes meciéndose en un columpio, soñando que quizás con un impulso mayor, podría llegar a rozarlas con la punta de los dedos.

Recordó que se había prometido mil cosas, que se había impuesto cien principios, que de joven pretendía ser soldado idealista de la vida, pero había sucumbido a la amoralidad de la mente colmenera que regia la sociedad, adormeciendo la suya propia y dejándose llevar en un cómodo vaivén de sin sentidos.

Puede que dejase escapar una lagrima. Ya no se arriesgaba con un beso, ya no gritaba el nombre de su amor al viento, ya no soñaba con un futuro mejor, atemorizado 'rezaba' por un mañana llevadero que no trajese consigo algún horror más por el que llorar.

Con el alma cansada tiró su corbata a la basura y salió a la calle con una bolsa de canicas, estaba decidido a cambiar el mundo.

Laura Gil Moreno de Mora Feijoo

martes, 10 de julio de 2012

Música para leer TÍTERE

http://www.youtube.com/watchv=lhWNNSmtfKw&list=LLjx3qaNBAJ3e1nhwxHL7fXQ&feature=mh_lolz

TÍTERE




Lentamente despertó de aquel sopor. Notó que sus miembros se movían sin que ella pudiese controlarlos y aquello la desconcertó todavía mas cuando unos sonoros aplausos, de manera estruendosa, hicieron retumbar sus entrañas.
Cuando por fin pudo abrir los ojos, observó que tenia sujetos por firmes cordeles manos y pies. Presa del pánico, estudió detenidamente el punto de sutura que sobre la piel enganchaba su cuerpo a lo que parecían unas varillas de madera. Anonadada se percato de que se encontraba gesticulando sobre un escenario. El publico, que aplaudía monocorde, también presentaba puntos de sutura en los miembros que unían sus cuerpos a unas varillas que parecían perderse en la oscuridad del techo en el que alguien siniestro los manejaba a su antojo.
Actuó durante un rato, reparando en que cada movimiento suyo o de cualquier otra marioneta allí presentes, estaba controlada, estudiada. A un lado del escenario había un pequeño espejo. Miro de lejos su reflejo, el espectáculo era dantesco. Lucía una caracterización de mimo, y en la nariz una enorme bola roja, como si de un payaso se tratase.
Luchó con todas sus fuerzas, no quería ser parte de aquello, no quería ser otra actriz en aquel enrome teatro de la vida. Otro payaso que sin pretenderlo, hacia las gracias de un bufón en las cortes de unos cuantos poderosos desconocidos. Las cuerdas se rompieron y el sorprendido titiritero entre las sombras que lo amparaban, la miro expectante. Ella sin fuerza ninguna, pues había perdido el aval y la ayuda del Gran Comediante, quedo desmadejada sobre el escenario. Apenas podía moverse y por supuesto, ya no pertenecía a la sociedad de marionetas, que felices, continuaban con aquel infame circo. Un par de ellas, la apartaron elegantemente de en medio, para continuar la función.
Comprendió que, o se resignaba a obediente vivir bajo los hilos de sus varillas o la vida que quedaba era poco mas o menos una muerte larga y tediosa, ausente de posibilades o esperanzas, aunque puede que en el fondo comparable a existir como una pobre y absurda marioneta.

Laura Gil Moreno de Mora Feijoo



miércoles, 4 de julio de 2012

Música para leer LOCURAS

http://www.youtube.com/watch?v=exJtpW4g86o&feature=relmfu

LOCURAS


A pesar de todo. A pesar de los malos momentos, se animó a seguir viviendo. Llenó una copa de cava malo y brindo con el miedo a equivocarse, con una media sonrisa en la boca y un brillo especial en la mirada. Cogió su chupa de cuero, sus gafas de sol sin cristales, y descalzo y sin camisa, salió de casa para nunca regresar. Le cubría el rostro un ligero acné juvenil y el primer vello facial.

Tenía pensando encontrar una estrella. Una de esas buenas, que caen del cielo por las noches. Quería casarse con ella, e irse lejos para siempre. Mientras la buscaba fue llenando su bolsa de dientes de león. Una estrella requiere un ramo de las flores mas especiales que existan, pero no hay nada mejor que los dientes de león, porque al soplar con fuerza van donde quiera que los lleve el viento, libres. Recogió un par de hojas rojas, otoñales, para demostrar que las ideas vienen y van, florecen y después perecen, como las hojas caducas. También fue a buscar un par de piedras con forma y peso adecuados, porque en la vida existen un par o tres de principios que se mantienen estables, firmes como rocas. ¿Que sería de la vida sin ellos? Nos caracterizan y nos dan nombre y personalidad.
Cuando quiso darse cuenta solo le faltaba encontrar una alianza adecuada para entregarle a la estrella. Y dubitativo se sentó en la hierba, mirando al cielo, observando el infinito que rodea la tierra. Cuando estaba sumido en sus cavilaciones, impresionado al contemplar el todo que se abría ante sus ojos, cayendo en la cuenta de lo diminuto que es el hombre y lo engrandecido que se tiene a si mismo, una lombriz se enrollo en su dedo.
Emocionado decidió que no había nada mejor que lo mas insignificante y humilde de la tierra para entregarle como alianza a la Estrella, porque son las cosas pequeñas las que nos llenan la vida de felicidad y alegría.
Se le habían cubierto las sienes de canas y el rostro de arrugas. El viaje estaba tocando a su fin, aquella noche llovieron sobre la tierra estrellas fugaces.
Nadie lo volvió a ver, pero si encontraron a los pocos días, una bolsa llena de dientes de león, unas hojas rojas y un par de piedras.


Laura Gil Moreno de Mora Feijoo

martes, 3 de julio de 2012

Música para leer ESTÚPIDA

http://www.youtube.com/watch?v=3dM2qCCg6GE&feature=bf_prev&list=LLjx3qaNBAJ3e1nhwxHL7fXQ

ESTÚPIDA



Acarició suavemente los listones de madera del banco. Volvía de nuevo al punto de partida, sentada en aquel parque donde esperan los ilusos, los que creen que las cosas un día cambiaran. Sacó un diario negro de su ajada gabardina, y arrancó un par de hojas. Las había escrito con ilusión, con esperanza. Pero no recordaba que el punto final siempre acababa allí, bajo el roble, en un triste otoño caduco, dejando que miles de papeles rotos flotaran en el viento, a la deriva. Dejo extraviada al frente la mirada, ahora mil recuerdos amargos le inundaban el paladar de hiel. Había llorado demasiado por aquellas ahora perdidas esperanzas, que volverían para recordarle cuan estúpida podía llegar a ser, ilusa.

Se retorció los dedos, quizás quisiese sin saberlo castigarse, imponerse una pena por su simpleza, por su falta de coherencia, por prometerse una y otra vez salvar aquellos amargos escollos que la sepultaban. Suspiró, de nada valía lamentarse, y aunque hace unos años hubiese llorado amargamente por el dolor que supone la desabrida realidad, solo suspiró y pensó para si misma:
  • 'La próxima vez, seguro que duele menos'
  • 'Seguro......'- se repitió, apaciguando su congoja.
Guardó su estropeado y negro diario. Volvería a escribir palabras de ilusión en él, pero de nuevo las arrancaría, y se sentaría en el banco de los estúpidos a recordar que no vale la pena esperar.
Con un pinchazo de dolor en su destartalado librillo oscuro, se levantó del banco, y con una mano en el pecho y la otra en un bolsillo, echó a caminar parque arriba.


Laura Gil Moreno de Mora Feijoo

domingo, 1 de julio de 2012

Música para leer PIES DESCALZOS

http://www.youtube.com/watch?v=ruP672bL8eA&feature=BFa&list=LLjx3qaNBAJ3e1nhwxHL7fXQ

PIES DESCALZOS



Pisó cuidadosamente los escombros con sus pies descalzos. Le costó mantener el equilibrio, pero aun y así continuo hacia delante, con el semblante cubierto por una mascara de terror. Era el día de su aniversario. Nueve años no era demasiada edad, pero se creía ya todo un hombre, y antes de la fiesta que le tenían preparada sus padres, había ido a jugar con unos amigos.

El bosque de las afueras era un buen lugar para las escondidas, y allí se entretuvo durante horas, hasta que un gran estruendo le hizo salir de su escondrijo. Con dificultad escapó de entre las raíces del gran tronco bajo el que se había ocultado. El corazón comenzó a latirle rápido y con fuerza. La mitad los arboles ardían en llamas y muchos, los mas débiles quizás, habían sido arrancados de forma brutal desde la raíz.

En una desenfrenada carrera, tras vocear sin éxito ni respuesta los nombres de sus amigos, corrió hacia su hogar, seguro de que todo estaría en orden. Con cada zancada notaba como se le dificultaba la respiración, a su alrededor solo veía desolación.

No podía ser cierto, no lograba creer que fuese real. Su hogar, su cueva, su mejor escondite, no era mas que un montón de escombros. Pisó con cuidado, temía que alguien pudiese estar muriendo bajo aquellas piedras. Desesperado y totalmente desconcertado avanzó hacia el centro de lo que quedaba de su casa. Se sentó abrazándose las rodillas y hundió su rostro en ellas, cantando en voz baja una nana, aquella que tanto le gustaba que le susurrase su madre antes de caer dormido por las noches.
Se sumió en un desconcertado silencio en cuanto sintió la lluvia sobre su piel, observó atónito que era oscura, de color negro, como si el cielo se vistiese de luto en su fúnebre cumpleaños.

Las fuerzas militares lo recogieron tras varias horas. Lo encontraron cantando una nana, con la mirada perdida, cubierto de hollín.
Jamás pudo comprender porque hay monstruos juzgados y sentenciados y otros vitoreados por las masas. No podía creer que los asesinatos cometidos en nombre de ´la justicia y el honor´ le hubiesen arrebatado la infancia y la felicidad, no entendía que los 'buenos' hubiesen matado a su familia.
Pasados varios años, pensó que la vida le brindaba otra oportunidad. Su pequeño jugaba con el a las escondidas, en el parque, cerca de casa. Pero, la felicidad no duró, aquella lluvia negra radioactiva, que lo había cubierto aquel fatídico día, reapareció, llevándose a su pequeño. El terrible diagnostico: Leucemia.
Pero los vencedores escriben la historia y no fueron juzgados por los crímenes cometidos. Aquellas muertes solo fueron daños colaterales de la guerra...


Laura Gil Moreno de Mora Feijoo