Lentamente despertó
de aquel sopor. Notó que sus miembros se movían sin que ella
pudiese controlarlos y aquello la desconcertó todavía mas cuando
unos sonoros aplausos, de manera estruendosa, hicieron retumbar sus
entrañas.
Cuando por fin pudo
abrir los ojos, observó que tenia sujetos por firmes cordeles manos
y pies. Presa del pánico, estudió detenidamente el punto de sutura
que sobre la piel enganchaba su cuerpo a lo que parecían unas
varillas de madera. Anonadada se percato de que se encontraba
gesticulando sobre un escenario. El publico, que aplaudía monocorde,
también presentaba puntos de sutura en los miembros que unían sus
cuerpos a unas varillas que parecían perderse en la oscuridad del
techo en el que alguien siniestro los manejaba a su antojo.
Actuó durante un
rato, reparando en que cada movimiento suyo o de cualquier otra
marioneta allí presentes, estaba controlada, estudiada. A un lado
del escenario había un pequeño espejo. Miro de lejos su reflejo, el
espectáculo era dantesco. Lucía una caracterización de mimo, y en
la nariz una enorme bola roja, como si de un payaso se tratase.
Luchó con todas sus
fuerzas, no quería ser parte de aquello, no quería ser otra actriz
en aquel enrome teatro de la vida. Otro payaso que sin pretenderlo,
hacia las gracias de un bufón en las cortes de unos cuantos
poderosos desconocidos. Las cuerdas se rompieron y el sorprendido
titiritero entre las sombras que lo amparaban, la miro expectante.
Ella sin fuerza ninguna, pues había perdido el aval y la ayuda del
Gran Comediante, quedo desmadejada sobre el escenario. Apenas podía
moverse y por supuesto, ya no pertenecía a la sociedad de
marionetas, que felices, continuaban con aquel infame circo. Un par
de ellas, la apartaron elegantemente de en medio, para continuar la
función.
Comprendió que, o
se resignaba a obediente vivir bajo los hilos de sus varillas o la
vida que quedaba era poco mas o menos una muerte larga y tediosa,
ausente de posibilades o esperanzas, aunque puede que en el fondo
comparable a existir como una pobre y absurda marioneta.
Laura Gil Moreno de Mora Feijoo
Muy bueno, dentro de la insidia de ser manejado por otros esta la opción de no serlo, comparables las dos en la existencia, un final un tanto descorazonador y triste... tal vez las marionetas con o sin hilos no sean la única opción... tal vez puedas ser ambas cosas a un tiempo, no tener hilos pero aparentar tenerlos ante el marionetista... o tal vez ser madera y enmohecer de libertad, creando un pequeño mundo de setas hongos y criaturas diminutas que se desarrollen por si mismos... en todo caso me ene canta muchísimo los mundos de posibilidades a los que me lleva este relato. :-)
ResponderEliminarGracias Paco!!! ^^ de todas maneras no se yo hasta que punto uno puede ser tan libre como pretendemos poder llegar a ser. jejejejeje
Eliminar