viernes, 26 de octubre de 2012

Música para leer Héroe

http://www.youtube.com/watch?v=cJC93aehXV4&feature=my_liked_videos&list=LLjx3qaNBAJ3e1nhwxHL7fXQ

Héroe



Alguien dijo alguna vez que los héroes son invencibles.
Pero ella sabía que son fuertes porque luchan, que si no retroceden es porque le hacen frente a sus temores, que cuando notan que flaquean los ánimos y les abandonas las fuerzas, sacan de sus últimos suspiros la energía para seguir adelante, que los héroes no existen, solo personas de corazón férreo, de voluntad solida con ideas firmes que avanzan por la vida dejando sus huellas bien marcadas en el fango del dolor.
Ella lo sabía bien. Hay héroes cansados, que tristes contemplan como el espejo de la cruda realidad les escupe su sucia imagen, desecha por la edad, el desgaste de las penas y las canas del sufrimiento. Es cuando dejan caer la espada que antaño enarbolaron valientes y se arrodillan con el rostro surcado por lagrimas y el corazón roto, marcado por mil cicatrices que ya no sanarán. Puede que entonces, no vean los rostros preocupados de los que les siguen.
Ella lo miraba, desde atrás, atreves del espejo. Lo sabia todo. Lo sabia todo tan bien. Quiso gritarle, pedirle que se levantase. Quería que supiese que no estaba allí solo, que aquellas heridas no habían sido en balde, que estaban allí, justo detrás de el, que no habrían llegado tan lejos sin su fuerza, sin su valentía, sin su tesón. Que el héroe que había dentro de el los había salvado de caer. Habría dado cualquier cosa para que levantase la mirada, los habría visto allí, a sus espaldas, esperándolo.
Ella lo sabia, lo necesitaban, igual que el a ellos. Y no podrían continuar la marcha hasta que aquel héroe tomase de nuevo su arma y junto a los suyos, reanudase el viaje hacia la felicidad.

Laura Gil Moreno de Mora Feijoo


jueves, 11 de octubre de 2012

Música para leer Luz y Oscuridad

http://www.youtube.com/watch?NR=1&feature=endscreen&v=O-CtYXh04Pg

Luz y Oscuridad



Y comenzó a bailar. Aquel amanecer merecía una danza delicada, suave y lenta, que pintase de colores la realidad latente de los durmientes y que despertase la vida ensoñatada y perezosa de quien se sabe moribundo.
Estaba radiante, su felicidad iluminaba cada pensamiento, cada lagrima escondida, toda la melancolía almacenada durante los años de vida de aquel anciano, que solitario, observaba como imponente, la Luz bañaba generosa los campos de trigo y los bosques de robles que silenciosos lo rodeaban.
Cada color hizo gala de su belleza extraordinaria, porque ella estaba allí, dejadolos existir, permitiendolos danzar a su son, aclarándolos con su sonrisa, meciéndolos en su abrazo protector.

Pero nada se puede hacer cuando entra en el paso la otra, la dama de negro que jamas perdona, solitaria, triste señora de la noche, siempre acompañada de astros blancos, que reflejan sus suspiros y anhelos. Se presentó fatidica a la reunión y poco a poco, se incorporó al baile eclipsando al resto de danzarines, porque absorbía los colores, las risas y las canciones, y al ritmo del trágico silencio continuó con sus lentos movimientos , sumiendo al mundo en el sopor de la Oscuridad.

Día tras día bailan el mismo baile, disputándose el reinado de los colores, pero ninguna comprende que no son mas que el reflejo de un mismo ser en un espejo y que será un vals ahora y siempre, para toda la eternidad

Laura Gil Moreno de Mora Feijoo

sábado, 6 de octubre de 2012

Musicca para Perro Verde

http://www.youtube.com/watch?v=ZTK3FCHYrJY&feature=g-vrec

Perro Verde





Se agazapó en aquella negrura que la cobijaba. Siempre lo había creído así, la soledad no es tan mala. Y entonces lentamente aquel gusano que notaba en el estomago se retorció algo mas fuerte de lo normal. Miedo. Desde allí, contemplaba las vidas ajenas, que al compás del blues del tiempo marcaban el paso hacia delante. Puede que acabase asomando aquel maldito gusano, reptaba arriba y abajo en su interior, inquietandola.
Y sintiendo la punzada del dolor, cerro los ojos con fuerza, las lagrimas que intentaba contener dentro de sus parpados le quemaban, pero no iba a permitirse el lujo de llorar. Si era un perro verde, ¿porque no también para eso? Escurriría la humedad de su alma, apretando el corazón en un puño, dejando caer las lagrimas, a ese pozo de soledad y negrura que la envolvía.
A pesar de la tristeza contenida, giró el rostro y con los ojos aun cerrados escucho el maullido de un gato, que tranquilizador resonaba en las tinieblas. El pelaje suave y aterciopelado del animal le rozó el brazo y algo cálido se recostó en su regazo. Casi sin pensar, paso sus dedos por la cabeza del pequeño, que ronroneaba al sentirla cerca. Su lazarillo estaba allí, junto a ella. Cerró los ojos y se quedó dormida. Un perro verde, a la vuelta de la esquina.



Laura Gil Moreno de Mora Feijoo