Y comenzó a bailar.
Aquel amanecer merecía una danza delicada, suave y lenta, que
pintase de colores la realidad latente de los durmientes y que
despertase la vida ensoñatada y perezosa de quien se sabe moribundo.
Estaba radiante, su
felicidad iluminaba cada pensamiento, cada lagrima escondida, toda la
melancolía almacenada durante los años de vida de aquel anciano,
que solitario, observaba como imponente, la Luz bañaba generosa los
campos de trigo y los bosques de robles que silenciosos lo rodeaban.
Cada color hizo gala
de su belleza extraordinaria, porque ella estaba allí, dejadolos
existir, permitiendolos danzar a su son, aclarándolos con su
sonrisa, meciéndolos en su abrazo protector.
Pero nada se puede
hacer cuando entra en el paso la otra, la dama de negro que jamas
perdona, solitaria, triste señora de la noche, siempre acompañada
de astros blancos, que reflejan sus suspiros y anhelos. Se presentó
fatidica a la reunión y poco a poco, se incorporó al baile
eclipsando al resto de danzarines, porque absorbía los colores, las
risas y las canciones, y al ritmo del trágico silencio continuó con
sus lentos movimientos , sumiendo al mundo en el sopor de la
Oscuridad.
Día tras día
bailan el mismo baile, disputándose el reinado de los colores, pero
ninguna comprende que no son mas que el reflejo de un mismo ser en un
espejo y que será un vals ahora y siempre, para toda la eternidad
Laura Gil Moreno de Mora Feijoo
La imagen evocada es muy bonita, y me gusta las dos contraposiciones descritas entre la luz y la oscuridad, vida y muerte y su eterno danzar en la existencia ;)
ResponderEliminar^^ gracias Paco!!!!!
Eliminar