Alguien dijo
alguna vez que los héroes son invencibles.
Pero ella sabía
que son fuertes porque luchan, que si no retroceden es porque le
hacen frente a sus temores, que cuando notan que flaquean los ánimos
y les abandonas las fuerzas, sacan de sus últimos suspiros la
energía para seguir adelante, que los héroes no existen, solo
personas de corazón férreo, de voluntad solida con ideas firmes que
avanzan por la vida dejando sus huellas bien marcadas en el fango del
dolor.
Ella lo sabía
bien. Hay héroes cansados, que tristes contemplan como el espejo de
la cruda realidad les escupe su sucia imagen, desecha por la edad, el
desgaste de las penas y las canas del sufrimiento. Es cuando dejan
caer la espada que antaño enarbolaron valientes y se arrodillan con
el rostro surcado por lagrimas y el corazón roto, marcado por mil
cicatrices que ya no sanarán. Puede que entonces, no vean los
rostros preocupados de los que les siguen.
Ella lo miraba,
desde atrás, atreves del espejo. Lo sabia todo. Lo sabia todo tan
bien. Quiso gritarle, pedirle que se levantase. Quería que supiese
que no estaba allí solo, que aquellas heridas no habían sido en
balde, que estaban allí, justo detrás de el, que no habrían
llegado tan lejos sin su fuerza, sin su valentía, sin su tesón. Que
el héroe que había dentro de el los había salvado de caer. Habría
dado cualquier cosa para que levantase la mirada, los habría visto
allí, a sus espaldas, esperándolo.
Ella lo sabia, lo
necesitaban, igual que el a ellos. Y no podrían continuar la marcha
hasta que aquel héroe tomase de nuevo su arma y junto a los suyos,
reanudase el viaje hacia la felicidad.
Laura Gil Moreno de Mora Feijoo
Buena descripción de un Heroe!!! Y de la familia de personas que le sigue desde detras, una buena sintaxis de la relación. Emotivo... triste y esperanzador a la vez... me gusta ;)
ResponderEliminarGracias Paco!!! :) Me animan siempre tus comentarios!!! ^^
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