Pisó cuidadosamente
los escombros con sus pies descalzos. Le costó mantener el
equilibrio, pero aun y así continuo hacia delante, con el semblante
cubierto por una mascara de terror. Era el día de su aniversario.
Nueve años no era demasiada edad, pero se creía ya todo un hombre,
y antes de la fiesta que le tenían preparada sus padres, había ido
a jugar con unos amigos.
El bosque de las
afueras era un buen lugar para las escondidas, y allí se entretuvo
durante horas, hasta que un gran estruendo le hizo salir de su
escondrijo. Con dificultad escapó de entre las raíces del gran
tronco bajo el que se había ocultado. El corazón comenzó a latirle
rápido y con fuerza. La mitad los arboles ardían en llamas y
muchos, los mas débiles quizás, habían sido arrancados de forma
brutal desde la raíz.
En una desenfrenada
carrera, tras vocear sin éxito ni respuesta los nombres de sus
amigos, corrió hacia su hogar, seguro de que todo estaría en orden.
Con cada zancada notaba como se le dificultaba la respiración, a su
alrededor solo veía desolación.
No podía ser
cierto, no lograba creer que fuese real. Su hogar, su cueva, su mejor
escondite, no era mas que un montón de escombros. Pisó con cuidado,
temía que alguien pudiese estar muriendo bajo aquellas piedras.
Desesperado y totalmente desconcertado avanzó hacia el centro de lo
que quedaba de su casa. Se sentó abrazándose las rodillas y hundió
su rostro en ellas, cantando en voz baja una nana, aquella que tanto
le gustaba que le susurrase su madre antes de caer dormido por las
noches.
Se sumió en un
desconcertado silencio en cuanto sintió la lluvia sobre su piel,
observó atónito que era oscura, de color negro, como si el cielo se
vistiese de luto en su fúnebre cumpleaños.
Las fuerzas
militares lo recogieron tras varias horas. Lo encontraron cantando
una nana, con la mirada perdida, cubierto de hollín.
Jamás pudo
comprender porque hay monstruos juzgados y sentenciados y otros
vitoreados por las masas. No podía creer que los asesinatos
cometidos en nombre de ´la justicia y el honor´ le hubiesen
arrebatado la infancia y la felicidad, no entendía que los 'buenos'
hubiesen matado a su familia.
Pasados varios años,
pensó que la vida le brindaba otra oportunidad. Su pequeño jugaba
con el a las escondidas, en el parque, cerca de casa. Pero, la
felicidad no duró, aquella lluvia negra radioactiva, que lo había
cubierto aquel fatídico día, reapareció, llevándose a su pequeño.
El terrible diagnostico: Leucemia.
Pero los vencedores
escriben la historia y no fueron juzgados por los crímenes
cometidos. Aquellas muertes solo fueron daños colaterales de la
guerra...
Laura
Gil Moreno de Mora Feijoo
Es tan cierto...
ResponderEliminarLa historia que estudiamos, es la que han impuesto los ganadores... ``los buenos´´...
La información está pervertida y muchas veces faltan datos y puntos de vista...
Supongo que no hace falta que te diga que es perfecto... que la musica es descorazonadora, y que transmites perfectamente el sentimiento de desamparo del niño...
Perfecto
:) Gracias Trei. Si, la información que nos llega esta totalmente tergiversada, pero lo peor es que aun cuando tenemos evidencias de ello, obviamos la realidad y aposentamos nuestras neuronas en algo fácil de digerir.
EliminarGracias guapísima!
Buen retrato de un superviviente a la locura llamada guerra, me gusta como describes la vivencia a traves del jovencisimo personaje!!! :)
ResponderEliminarEl ser humano siempre repite los mismos errores de su pasado, una y otra vez, aunque existan miles de libros u historias, o evidencias avisandonos de ellos, parece ser un defecto congenito en nosotros...
:) No me habia fijado en tu comentario!!!! ^^ Gracias Pakius!!!!
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