miércoles, 4 de julio de 2012

LOCURAS


A pesar de todo. A pesar de los malos momentos, se animó a seguir viviendo. Llenó una copa de cava malo y brindo con el miedo a equivocarse, con una media sonrisa en la boca y un brillo especial en la mirada. Cogió su chupa de cuero, sus gafas de sol sin cristales, y descalzo y sin camisa, salió de casa para nunca regresar. Le cubría el rostro un ligero acné juvenil y el primer vello facial.

Tenía pensando encontrar una estrella. Una de esas buenas, que caen del cielo por las noches. Quería casarse con ella, e irse lejos para siempre. Mientras la buscaba fue llenando su bolsa de dientes de león. Una estrella requiere un ramo de las flores mas especiales que existan, pero no hay nada mejor que los dientes de león, porque al soplar con fuerza van donde quiera que los lleve el viento, libres. Recogió un par de hojas rojas, otoñales, para demostrar que las ideas vienen y van, florecen y después perecen, como las hojas caducas. También fue a buscar un par de piedras con forma y peso adecuados, porque en la vida existen un par o tres de principios que se mantienen estables, firmes como rocas. ¿Que sería de la vida sin ellos? Nos caracterizan y nos dan nombre y personalidad.
Cuando quiso darse cuenta solo le faltaba encontrar una alianza adecuada para entregarle a la estrella. Y dubitativo se sentó en la hierba, mirando al cielo, observando el infinito que rodea la tierra. Cuando estaba sumido en sus cavilaciones, impresionado al contemplar el todo que se abría ante sus ojos, cayendo en la cuenta de lo diminuto que es el hombre y lo engrandecido que se tiene a si mismo, una lombriz se enrollo en su dedo.
Emocionado decidió que no había nada mejor que lo mas insignificante y humilde de la tierra para entregarle como alianza a la Estrella, porque son las cosas pequeñas las que nos llenan la vida de felicidad y alegría.
Se le habían cubierto las sienes de canas y el rostro de arrugas. El viaje estaba tocando a su fin, aquella noche llovieron sobre la tierra estrellas fugaces.
Nadie lo volvió a ver, pero si encontraron a los pocos días, una bolsa llena de dientes de león, unas hojas rojas y un par de piedras.


Laura Gil Moreno de Mora Feijoo

2 comentarios:

  1. Me encantaaaaaaaaaaaaaaaaa!!! Todo en si es digno de elógio, para mi este es ahora uno de los mejores que has escrito!! De mayor quiero ser como él ;)

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    1. ^^ Gracias Paco!!! Ya te lo dije el otro dia, no eres tan diferente. ;)

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