domingo, 15 de julio de 2012

COLONIA



Barrió con sus ojos la calle. El cielo nublado pintaba de gris las casas y la vida parecía bailar a otro son cuando la lluvia de octubre limpiaba la ciudad. Y entonces cayó en la cuenta, de que puede que se le escapase la vida sin decidirse. Dejandola pasar de largo, sobreviviendola, como un soldado de las largas noche de insomnio, como un atrincherado de los días de incertidumbre.

Evocó las tardes de esperanza, cuando siendo niño contemplaba las nubes meciéndose en un columpio, soñando que quizás con un impulso mayor, podría llegar a rozarlas con la punta de los dedos.

Recordó que se había prometido mil cosas, que se había impuesto cien principios, que de joven pretendía ser soldado idealista de la vida, pero había sucumbido a la amoralidad de la mente colmenera que regia la sociedad, adormeciendo la suya propia y dejándose llevar en un cómodo vaivén de sin sentidos.

Puede que dejase escapar una lagrima. Ya no se arriesgaba con un beso, ya no gritaba el nombre de su amor al viento, ya no soñaba con un futuro mejor, atemorizado 'rezaba' por un mañana llevadero que no trajese consigo algún horror más por el que llorar.

Con el alma cansada tiró su corbata a la basura y salió a la calle con una bolsa de canicas, estaba decidido a cambiar el mundo.

Laura Gil Moreno de Mora Feijoo

1 comentario:

  1. Precioso!!! Fiel retrato de como nos "acolmenamos", final lleno de esperanza en volver a ser para cambiar el mundo... ;)

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