Barrió con sus ojos
la calle. El cielo nublado pintaba de gris las casas y la vida
parecía bailar a otro son cuando la lluvia de octubre limpiaba la
ciudad. Y entonces cayó en la cuenta, de que puede que se le
escapase la vida sin decidirse. Dejandola pasar de largo,
sobreviviendola, como un soldado de las largas noche de insomnio,
como un atrincherado de los días de incertidumbre.
Evocó las tardes de
esperanza, cuando siendo niño contemplaba las nubes meciéndose en
un columpio, soñando que quizás con un impulso mayor, podría
llegar a rozarlas con la punta de los dedos.
Recordó que se
había prometido mil cosas, que se había impuesto cien principios,
que de joven pretendía ser soldado idealista de la vida, pero había
sucumbido a la amoralidad de la mente colmenera que regia la
sociedad, adormeciendo la suya propia y dejándose llevar en un
cómodo vaivén de sin sentidos.
Puede que dejase
escapar una lagrima. Ya no se arriesgaba con un beso, ya no gritaba
el nombre de su amor al viento, ya no soñaba con un futuro mejor,
atemorizado 'rezaba' por un mañana llevadero que no trajese consigo
algún horror más por el que llorar.
Con el alma cansada
tiró su corbata a la basura y salió a la calle con una bolsa de
canicas, estaba decidido a cambiar el mundo.
Laura Gil Moreno de Mora Feijoo
Precioso!!! Fiel retrato de como nos "acolmenamos", final lleno de esperanza en volver a ser para cambiar el mundo... ;)
ResponderEliminar