miércoles, 23 de mayo de 2012

AVENTURERO



Nacía en lo alto de una gran montaña, se le helaba el alma con el frió de las mañanas. La escarcha pintaba de blanco el paisaje, helada confería un toque impersonal al bosque.
Tímido, aparecía de entre unas rocas, gélido, puro y transparente, caía hasta el suelo, corriendo hacia delante para callejear vigoroso el camino. Asombrado murmuraba en sus andanzas, mientras contemplaba la belleza de los arboles, de las flores, de las elevadas montañas, los encumbrados picos y las suaves colinas.
Divertido, se entretenía haciendo girar las aspas de un viejo molino. Continuaba su viaje entre una plantación de altos chopos, un sinfín de cañas, un campo verde de trigo, un millón de margaritas.
Se sentía importante, único. Entre sus carnes llevaba la vida, y se creía indispensable para los demás. Con la cabeza alta y el orgullo tocando el cielo, bailaba alegre, pensando que aquello no tenia fin, que jamas acabaría, que daría la vuelta al mundo y podría de nuevo comenzar.
Un olor a salitre, detuvo su frenesí. Era una fragancia desconocida, diferente a todo lo que había percibido hasta entonces. Incrédulo, vio como se acercaba su final, sus dulces aguas, su transparente vida y su camino, desembocaban en el ancho mar. Y así, cedió su pureza y su bello nombre a la inmensidad, quedando toda su majestuosidad en un triste delta, una mustia lapida, lúgubre despedida de un coloso al morir.

Laura Gil Moreno de Mora Feijoo

2 comentarios:

  1. Me encanta como describes al rio desde su nacimiento hasta su fin jejeje, pero el final me parece un poco triste, aunque el símil de la lápida y el delta es buenisimo!!! ;)

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    1. Gracias Paco!!!!! ^^ es un poco triste pero esque siempre me ha dado mucha pena que los rios terminen asi!

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