Miró sobrecogido el
lugar. Grandes lagunas vacías conferían al paisaje un toque lúgubre
y gris. Recordó triste como gota a gota las lagrimas del país de
los llantos habían desaparecido. Los lagos de plata, que antes
hermosos y brillantes reflejaban la eterna noche estrellada de aquel
lugar, ahora aparecían vacíos y muertos.
Él había sido el
guardián de las lagrimas durante toda su vida, como sus antepasados
lo fueron también. Con su armadura blanca, vigilaba el paraje,
rodeando los hermosos estanques, cuidando que toda las lagrimas
fuesen al corazón adecuado, regando así los campos de las alegrías.
Se sentó en el
suelo rocoso, abatido, destrozado. Con un escalofrió revivió como
el monstruo de la indiferencia había parado cerca, y al oler las
deliciosas lagrimas se aproximó desganado a beber de los lagos.
Con una mueca de
asco percibió una ráfaga de viento que aun trasladaba de un lado a
otro el olor putrefacto y nauseabundo del monstruo. Con sus ácidos,
había dejado estériles aquellos hermosos pozos, ya no volverían ha
lucir plateados y bellos, solo secos y áridos, tristes y
pestilentes.
Incapaz de derramar
una sola lagrima por no poder combatir a Indiferencia, miró en el
espejo del Hombre, y comprobó que ya no lloraban por las tragedias
ajenas, que vivían sus vidas sin importarles lo que sufrían los
demás, genocidas por omisión, sin lagrimas que derramar, sin
grandes alegrías, solo sobreviviendo a la vida, intentando ser
felices en un mundo de indiferencia. Ya no habían lagrimas en los
lagos de plata.
Laura
Gil Moreno de Mora Feijoo
Buena metáfora!!, me encanta que las lágrimas rieguen los campos de la felicidad ;)
ResponderEliminarGracias Paco, una vez mas!! Gracias por leerme ^^ y gracias por opinar!!! :)
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