domingo, 20 de mayo de 2012

LAGOS DE PLATA



Miró sobrecogido el lugar. Grandes lagunas vacías conferían al paisaje un toque lúgubre y gris. Recordó triste como gota a gota las lagrimas del país de los llantos habían desaparecido. Los lagos de plata, que antes hermosos y brillantes reflejaban la eterna noche estrellada de aquel lugar, ahora aparecían vacíos y muertos.
Él había sido el guardián de las lagrimas durante toda su vida, como sus antepasados lo fueron también. Con su armadura blanca, vigilaba el paraje, rodeando los hermosos estanques, cuidando que toda las lagrimas fuesen al corazón adecuado, regando así los campos de las alegrías.
Se sentó en el suelo rocoso, abatido, destrozado. Con un escalofrió revivió como el monstruo de la indiferencia había parado cerca, y al oler las deliciosas lagrimas se aproximó desganado a beber de los lagos.
Con una mueca de asco percibió una ráfaga de viento que aun trasladaba de un lado a otro el olor putrefacto y nauseabundo del monstruo. Con sus ácidos, había dejado estériles aquellos hermosos pozos, ya no volverían ha lucir plateados y bellos, solo secos y áridos, tristes y pestilentes.
Incapaz de derramar una sola lagrima por no poder combatir a Indiferencia, miró en el espejo del Hombre, y comprobó que ya no lloraban por las tragedias ajenas, que vivían sus vidas sin importarles lo que sufrían los demás, genocidas por omisión, sin lagrimas que derramar, sin grandes alegrías, solo sobreviviendo a la vida, intentando ser felices en un mundo de indiferencia. Ya no habían lagrimas en los lagos de plata.

Laura Gil Moreno de Mora Feijoo

2 comentarios:

  1. Buena metáfora!!, me encanta que las lágrimas rieguen los campos de la felicidad ;)

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    1. Gracias Paco, una vez mas!! Gracias por leerme ^^ y gracias por opinar!!! :)

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