viernes, 24 de agosto de 2012

Cuentos de Hadas





Se sentó pensativo sobre la cama. Hacía un tiempo que la vida le sonreía, la mueca de payaso triste lucía ahora animada y feliz. Y quizás fuese aquello lo que originaba cuentos de hadas. Príncipe en una historia de princesas, protagonista de imaginaciones desbocadas, figura perenne en boca ajena.
Se hallaba con el papel principal de una historia inventada con el fin de satisfacer el aburrimiento hambriento y lujurioso que hastiado de una vida de sin razones, inventaba farsas para sobrevivir.

Se recostó sobre el edredón, compadeciendo a todos aquellos pobres fantasiosos. Cuan míseras debían de ser sus vidas para perder sus segundos de existencia mintiendo e inventando falacias sobre otros.
Y sobre todas estas infortunadas carencias de valor vital se añadía la cobardía, pues eran historias ocultas, cuentos encubiertos, mentiras susurradas de aquel que se sabe embustero y teme ser desenmascarado. Una lagrima por la sordidez humana.

Volvió su rostro al espejo, vio brillar aquella luz en sus ojos, esa estrella seguía luciendo en su alma. El sol le sonreía. Y se olvidó de los cuentos, se olvidó de las farsas, relegó en el olvido a todos aquellos que, dañinos, habían pretendido herirle contando cuentos extraños, pues aquella noche la luna le había besado.


Laura Gil Moreno de Mora Feijoo

2 comentarios:

  1. Ufff, que duro!!! Hay que tener cuidado siempre con el fuego del Kyubi, o nos podria quemar ;)

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