Miraba el cielo
triste, prisionera de lo que podría haber sido y nunca fue, del
quizás, del ayer y del mañana, de un presente escurridizo que
aterrorizado escapaba del sufrimiento. Con aquellos firmes y largos
dedos de una pianista que jamás toco una nota, acarició la oxidada
barandilla del balcón que asomaba curioso frente al mar. El pequeño
que nunca tuvo, jugaba travieso a su lado, levantando una torre de
posibilidades fallidas. Las olas silenciosas, murmuraban presas del
odio. Cobarde. El velero continuaba allí, frente a la casa azul.
Luciendo sus blancas velas, se mecía en el mar, esperándola,
deseando sentirla cerca, oler su dulce perfume, viajar junto a ella.
Sobrecogida giró la
mirada, oscuras, las escaleras de caracol bajaban a la segunda
planta, donde en su estudio se acumulaban todos aquellos cuentos que
jamas publicaría. Estanterías de libros ilustrados, adornaban las
paredes, añorando sus manos, recordando el suave roce de sus dedos,
el cálido aliento de su boca al suspirar envidiando las aventuras de
aquel joven guerrero al que nunca podría acompañar. Algo más a la
izquierda, el salón, donde un gran aparato de música presidia la
estancia. Abandonado repetía triste una suave melodía. Ella ya no
la escuchaba, no bailaba descalza sobre la alfombra, no se dejaba
caer en el sofá para soñar despierta con castillos de arena.
Continuaba de pie,
el viento azotaba furioso aquel rostro porcelanoso, que inexpresivo
dejaba vagar la mirada en el horizonte. Quieta, deseando fundirse con
la tierra, deseó su muerte tras resultar derrotada en su batalla con
la vida. Observó como la soledad se mofaba desde la playa. La veía
pasear riendo entre dientes cada atardecer, atormentándola,
recordándole que ya no estaban allí, que no volverían.
Y permitió caer una
lagrima, un día mas, una tarde y otra, dejando escapar algo que pudo
ser y no fue, dejando marchar su felicidad en el velero de la orilla,
quedándose quieta aguardando la muerte, que esperaba ver aparecer un
día por el horizonte del mar.
Laura Gil Moreno de Mora Feijoo
Tremendamente triste!!! Escrito con sublime maestría, urdiendo metaforas para transportarnos a ese estado de congoja existencial ante la pérdida, ufff, impresionante es la mejor palabra para definirlo ;)
ResponderEliminarGracias Paco :) Gracias una vez mas por comentar!!!! ^^ Siempre espero leer tus comentarios!!!
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