lunes, 21 de mayo de 2012

TIEMPOS DIFÍCILES


Tocaba desidioso un organillo, sentado en la calle de una gran ciudad. Los pantalones húmedos de varios días le congelaban la piel y le producían cierto escozor. Avergonzado no se atrevía a mirar a los transeúntes ,que ocupados, pasaban por delante. Mantenía sus ojos oscuros en las teclas que pulsaba, marcando así bellas melodías. No hacía demasiado, también él había caminado rápido por alguna calle transitada, obviando a los sucios mendigos que suplicaban cualquier limosna.
Trabajaba en un bufete de abogados, con sus trajes elegantes, las comidas de empresa, un sueldo digno que le permitía darle una buena vida a su familia. Pero todo terminó, el bufete, el sueldo, la casa, la familia.... Al quedarse sin blanca, las discusiones se hicieron insoportables y su esposa le abandonó, marchándose con sus tres pequeños.
Solo, con su organillo, deambulaba sin techo, por aquella gran ciudad, creyendo que cualquiera podría ponerse en su situación y socorrerle. Pero miles de rostros se giraban resignados al verlo tocar, al escuchar sus tristes canciones.
Una noche, dejo olvidado su viejo instrumento en un cubo de basura, aquel regalo de la infancia, no le servía para sobrevivir. Caminó sin rumbo días enteros, con el rostro surcado por las ácidas lagrimas, que corroen la piel y el corazón.
Delante de un café paró a tomar aliento, desesperando, buscando la forma de vencer al monstruo que le atenazaba los ánimos y que luchaba por hundirlo en la amargura. A través del cristal del bar, podía observar a la gente tomar un delicioso desayuno, con una taza de café caliente. Se fijó, consternado, en una hermosa mujer, de tirabuzones dorados, y tres niños, que reían los chistes de un hombre apuesto y entrajetado.
Igual que se rompe un vaso al caer, su corazón quedó fragmentado en mil pedazos, astillados y cortantes, que le desangraban lentamente, mientras con avidez observaba la escena, deseando con cada fibra de su ser, haber sido aquel hombre.
Piensan que murió de frió, otros de hambre, quizás de algún problema cardíaco, pero nadie sabe que lo mató una mujer de aspecto dulce y tirabuzones dorados y tres niños risueños.

Laura Gil Moreno de Mora Feijoo

4 comentarios:

  1. Tremendamente triste :_( y es que aunque a veces te saquen una bala del pecho, lo que realmente te mató fue una emoción.... vuelves ha estar extraordinariamente prolífica, estar enferma sienta bien a tu creatividad, jejejeje ;)

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  2. D:

    Joder...
    Este tienes que intentar que te lo publiquen en algun periodico.

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