Pidió su deseo, y
la muerte llegó, lenta, concediéndole el tiempo que anhelaba.
Quería despedirse, decirles a los suyos que los amaba, que jamás
fue su intención herirles. Quería pedir perdón a la humanidad, por
vivir sin pena ni gloria, y permitir que todo siguiese igual, sin
hacer ningún tipo de esfuerzo por mejorar las cosas. Quería pedirle
perdón a la tierra, al cielo.
Deseaba rectificar
todo aquello que tenia en el saco de errores, quería morir en paz. Y
la muerte esperó paciente, pero cobrándose el precio que hay que
pagar.
Llegaron los
dolores, y de leves, pasaron a moderados y acabaron en graves e
incapacitantes, pero seguía despidiéndose del mundo, de su mundo,
de la vida que conocía. No le daba miedo morir, pero quería hacerlo
a su manera.
La muerte comenzó a
impacientarse, y ella empezó con las asfixias, la falta de aire era
espantosa, y cada día su agonía era mas atroz.
Aguantó firmemente,
a pesar del sufrimiento, hasta que por fin, se encontró en paz
consigo misma y el universo. Mirando al infinito se dejo ir,
calmadamente, sonriendo, por fin había dejado de vivir.
Laura Gil Moreno de Mora Feijoo
Perfecta y poética ilustración de el proceso de despedirse de este mundo dejando solventados los asuntos!!! Digna de aparecer en un libro de ELISABETH KUBLER-ROSS
ResponderEliminarMuchisimas gracias :) Paco!!!!
EliminarEs bastante duro... pero creo que si no lo fuera no merecería tanto la pena como lo hace hecho como está.
ResponderEliminarDeja sin aliento.
Muchas gracias Teresa ;) Me alegra que te guste!!!!
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