Con sus delicadas
manos, se vistió con la cota de malla sobre la que iba su armadura.
La mirada perdida en el infinito, se preparaba para la batalla.
Recogió su larga melena en un moño alto, y después del peto, se
puso el yelmo. Con sorprendente agilidad para el peso que debía
soportar a causa del metal, enfundó su espada, larga y ancha,
sobria, sin inscripciones ni florituras, como debía ser el arma de
una guerrera, una espada digna que sesgaba vidas humanas, que no se
enorgullecía ni avergonzaba de ello.
Con la cabeza alta,
salió al patio interior, donde un mozo la aguardaba con su precioso
caballo, su compañero. Orez, vigoroso, la esperaba impaciente, sabia
que la batalla era inminente, y no reprimía los nervios. Con
dificultad y ayuda del mozo de cuadras, Arual subió al corcel, y con
el corazón a la carrera, comenzó la marcha, sola, sin mas batallón
que sus ideas ni mas ejercito que sus principios.
Cabalgó por las
áridas tierras del desierto, Orez sabia a donde se dirigían, y
galopaba furioso hacia allí. Al atardecer llegaron a una formación
rocosa, inmensa se erigía, reina y señora del arenal. Tenebrosa
ofrecía un pórtico, invitando a los más osados a entrar.
Dejando fuera a su
montura, con paso decidido, se adentró en las tinieblas de aquel
castillo de arenisca. Con una mano en la empuñadura, esperaba alerta
cualquier ataque desde la penumbra.
Las paredes de la
amplia estancia que precedía al corto pasillo de la entrada, estaban
iluminadas por antorchas, que desprendían una luz tenue y
temblorosa.
Dirigió la mirada
al fondo de la habitación, y allí, en un rincón, acurrucada, se
encontraba la maldad, sus temores, el miedo en esencia. El monstruo
alzó la cabeza, y con una mueca desfigurada comenzó a reírse.
Consternada, avanzó, desenfundando la espada. Aquel monstruo
atormentaba su vida, sus sueños, y le daría muerte para recuperar
su libertad.
Con un salto, la
oscura figura se situó delante de ella, y con un sonoro chasquido,
Arual se encontró con una guerrera apocada y asustada, con su mismo
rostro, que no tenia valor para enfrentarse a la vida y que erraba en
sus decisiones.
El monstruo jugó
con sus miedos durante horas, hasta que, agotada se arrodilló en el
suelo, apuntando con su espada a su propio abdomen. Con la mirada
triste, clavó la punta del arma, en sus carnes. La retorcida figura
dejo de bailar, para regodearse en su triunfo, pero Arual con un
movimiento rápido y doloroso, extrajo la espada de su cuerpo y la
hundió donde debería de haber tenido el corazón aquella bestia
inmunda, que tanto dolor le había causado durante toda su vida.
Libre por fin, a
lomos de Orez, se dirigió de nuevo a su hogar, para poder seguir con
sus batallas, pero ahora ya sin ese miedo que tantas veces le había
atenazado la garganta y afligido el corazón.
Laura Gil Moreno de Mora Feijoo
Tremenda manera de describir los preparativos, el viaje, la llegada y la batalla, me gusta mucho como llevas la historia a su culmen... Arual, Orez, mmm, o se de que me suenan, jejejejeje ;)
ResponderEliminarJajajajjajajaa ;) no se de que te suenan!! ajajajajjaaa :)
EliminarGracias por leerme Paco, ^^ me alegra que te guste!!!!