Se adentró en la
noche, en una mano, continuaba empuñando aquel cuchillo. Lo miró de
nuevo, no recordaba de donde lo había cogido o quien se lo había
proporcionado, pero hacia tiempo que lo aferraba con fuerza.
En la oscuridad
resonaban los llantos y los gritos de socorro. Debía acudir en su
ayuda. De entre las brumas, apareció un sendero pedregoso. Largo y
tortuoso ascendía por una colina hasta un gran claro. Inició el
camino, sin darse cuenta de que lo delimitaba un seto de zarzas a
ambos lados. Cuando por fin llegó al final, los brazos y las piernas
las tenia cubiertas de heridas que sangraban profusamente. Pero
ansiaba demasiado ayudarla y no podía detenerse.
Escuchaba los
sollozos mas cerca, y comenzó una búsqueda desenfrenada por todos los
rincones en los que creía poder encontrarla, hasta que por fin la
vio. Bella, dulce y delicada, acurrucada detrás de un árbol. Sus
ropajes estaban hechos jirones, y múltiples hematomas cubrían su
cuerpo.
Al verlo, su mueca
resignada se transformó en una mascara de horror, y sus gritos se
intensificaron aun más. Él intento calmarla, pero al acercarse,
ella se cubrió, esperando una agresión.
Desesperado la
abrazó para calmar ese dolor, que al final lo estaba hiriendo a el
también, ella no dejó de llorar y revolverse, pedía ayuda con mas
fuerza que antes, quería huir.
Aquella delicada
voz, le taladraba el alma, le destrozaba el corazón y torturaba su
mente, sin darse cuenta mientras la abrazaba fue hundiendo sus uñas
en la suave piel de aquella flor, y clavo lentamente el cuchillo en
su espalda, hasta que solo se oyeron unos sonidos apagados y por fin
el silencio.
Tardó unos minutos
en separarse de el cuerpo sin vida que sostenía entre los brazos. Al
mirar el rostro pálido de aquella bella mujer, se sintió vacío,
extraño, como si hubiese perdido parte de si mismo, como si le
hubiesen arrancado las entrañas.
Deambulo por
aquellos siniestros parajes durante meses,y comprobó con angustia
que estaba solo y que ella, le había temido siempre, que huía desde
un principio de él, como si conociese el triste final que la
aguardaba.
****************
Paseaba por las
calles de Madrid, era un hombre afortunado, tenia dinero, un buen
trabajo, coche, casas, todo aquello que se pueda desear. Pero le
faltaba amor. Pensativo observo el Retiro y adentrándose en el,
comenzó a dudar si en aquella extraña ocasión, en aquel claro,
Desesperación había asesinado a Amor, acabando con su capacidad de
querer para siempre.
Laura Gil Moreno de Mora Feijoo
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarLo quite por que me comí palabras :P
EliminarGenial!!! Me encanta como has usado el ambiente y la situción, como con un desesperado intento de salvar y calmar, uno puede matar al amor(u al objeto amado o a salvar), tristemente enmarcado en una buena intención...perdiendolo para siempre...
ResponderEliminarEnvidia, si!!! eso es lo que siento, no mata pero escuece ;) jejejeje
^^ Me alegra que te guste Paco!!! Eres un lector critico!!! me doy por satisecha si te gusta!!! :) jajajajjajajaja
ResponderEliminar