viernes, 24 de agosto de 2012
Cuentos de Hadas
Se sentó pensativo
sobre la cama. Hacía un tiempo que la vida le sonreía, la mueca de
payaso triste lucía ahora animada y feliz. Y quizás fuese aquello
lo que originaba cuentos de hadas. Príncipe en una historia de
princesas, protagonista de imaginaciones desbocadas, figura perenne
en boca ajena.
Se hallaba con el
papel principal de una historia inventada con el fin de satisfacer el
aburrimiento hambriento y lujurioso que hastiado de una vida de sin
razones, inventaba farsas para sobrevivir.
Se recostó sobre el
edredón, compadeciendo a todos aquellos pobres fantasiosos. Cuan
míseras debían de ser sus vidas para perder sus segundos de
existencia mintiendo e inventando falacias sobre otros.
Y sobre todas estas
infortunadas carencias de valor vital se añadía la cobardía, pues
eran historias ocultas, cuentos encubiertos, mentiras susurradas de
aquel que se sabe embustero y teme ser desenmascarado. Una lagrima
por la sordidez humana.
Volvió su rostro al
espejo, vio brillar aquella luz en sus ojos, esa estrella seguía
luciendo en su alma. El sol le sonreía. Y se olvidó de los cuentos,
se olvidó de las farsas, relegó en el olvido a todos aquellos que,
dañinos, habían pretendido herirle contando cuentos extraños, pues
aquella noche la luna le había besado.
Laura
Gil Moreno de Mora Feijoo
martes, 21 de agosto de 2012
Música para leer IrrEAL
http://www.youtube.com/watch?v=WTlWQSeSN3M&list=HL1345571582&feature=mh_lolz
IrrEAL
Miraba el cielo
triste, prisionera de lo que podría haber sido y nunca fue, del
quizás, del ayer y del mañana, de un presente escurridizo que
aterrorizado escapaba del sufrimiento. Con aquellos firmes y largos
dedos de una pianista que jamás toco una nota, acarició la oxidada
barandilla del balcón que asomaba curioso frente al mar. El pequeño
que nunca tuvo, jugaba travieso a su lado, levantando una torre de
posibilidades fallidas. Las olas silenciosas, murmuraban presas del
odio. Cobarde. El velero continuaba allí, frente a la casa azul.
Luciendo sus blancas velas, se mecía en el mar, esperándola,
deseando sentirla cerca, oler su dulce perfume, viajar junto a ella.
Sobrecogida giró la
mirada, oscuras, las escaleras de caracol bajaban a la segunda
planta, donde en su estudio se acumulaban todos aquellos cuentos que
jamas publicaría. Estanterías de libros ilustrados, adornaban las
paredes, añorando sus manos, recordando el suave roce de sus dedos,
el cálido aliento de su boca al suspirar envidiando las aventuras de
aquel joven guerrero al que nunca podría acompañar. Algo más a la
izquierda, el salón, donde un gran aparato de música presidia la
estancia. Abandonado repetía triste una suave melodía. Ella ya no
la escuchaba, no bailaba descalza sobre la alfombra, no se dejaba
caer en el sofá para soñar despierta con castillos de arena.
Continuaba de pie,
el viento azotaba furioso aquel rostro porcelanoso, que inexpresivo
dejaba vagar la mirada en el horizonte. Quieta, deseando fundirse con
la tierra, deseó su muerte tras resultar derrotada en su batalla con
la vida. Observó como la soledad se mofaba desde la playa. La veía
pasear riendo entre dientes cada atardecer, atormentándola,
recordándole que ya no estaban allí, que no volverían.
Y permitió caer una
lagrima, un día mas, una tarde y otra, dejando escapar algo que pudo
ser y no fue, dejando marchar su felicidad en el velero de la orilla,
quedándose quieta aguardando la muerte, que esperaba ver aparecer un
día por el horizonte del mar.
Laura Gil Moreno de Mora Feijoo
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)