A veces siento que no podré resistir el dolor. Respiro y siento como mi pecho en cualquier momento se puede romper. Me falta el aire y la angustia ahoga la alegria. La ansiedad consume todo y solo puedo sentir un torbellino girando dentro, arrollando todo lo que tengo, consumiendo mi cordura, arrasando mi energía, mis ganas de seguir. Pensé que jamás volvería a sentirme así, pero vuelvo a necesitar la conexión con este bello instrumento para vomitar mi pena, expresar la angustia que siento frente a la soledad. Creí que jamás volvería a ocurrir pero retorna ese sentimiento, y solo puedo intentar calmarme, consolarme, susurrarme despacio: pasará, como ha pasado todo. Susurrarme lento: la vida es así, aprovecha, y siente aquello que sientes, para cuando ya no haya más, para cuando la vida haya pasado y no existan más oportunidades de sentir. Dolor, eterno compañero, que acunas mi alma rota, amigo de mis largas noches de insomnio, bienvenido de nuevo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario