sábado, 8 de noviembre de 2014

Verdades



Haciendo un parón en el presente, recorro el pasado, sintiendo pena y alegría, soñando con otra historia o dando gracias quizás, de que las vivencias que tuve son las que poco a poco cincelaron mi sonrisa, mis lagrimas, mis sueños. Nada fue tan terrible o tan maravilloso, nada fue determinante ni decisivo, todo podía haber sido distinto, todo, si yo hubiese querido. Pero vivi mis circunstancias tal cual, conforme lo recuerdo hoy, llorando lagrimas amargas, tragando hiel, soñando con grandes historias y deseando otro cuento para mi misma. Ahora con ojos mas cansados, menos infantiles, me río de todo aquello, de como a veces de alguna manera nos vemos prisioneros de una realidad que conocemos  como objetiva y cruel. Puede que, quizás, si supiésemos que la objetividad es relativa y que todo lo que nos ocurre tiene un par o tres de cristales para poder mirarlo desde diversos ángulos, seriamos los dueños de nuestros propios sentimientos, sin dejarlos al azar o al hacer de cualquier otra persona. Seriamos poderosos, eligiendo la felicidad, seriamos gobernantes de la historia de nuestra vida, reyes en el jardín de las emociones. Pero eso no es lo que nos han enseñado. Nos han repetido una y mil veces, llegando a castrar la percepción de la historia, creando miles de verdades absolutas, acotando el grupo a quienes las creen y respetan. Y yo, orgullosa, puedo decir abriendo la boca sin miedo a equivocarme, que en la vida existen tantas verdades como personas y que todas ellas son relativas y valen lo que cuesta la felicidad, porque al fin y al cabo, que otra moneda nos sirve para opinar si no es lo que de verdad nos importa y para lo cual luchamos. No vale la pena ser esclavos de una realidad percibida como amarga y triste, si no dueños de una vida que depende de como la observemos puede facilitarnos el camino a la paz.



Laura Gil Moreno de Mora Feijoo

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