Sentada sobre la
colcha de la cama, me asomo al abismo de mi alma, y observo.
Demasiado miedo, muchos cuentos, fabulas, disfraces de sentimientos,
de vivencias pasadas. En un momento sordo decido hacerle un hueco a
mi verdad y escribir lo que siento, sin mascaras, sin metáforas,
solamente yo...
Sentada sobre la
colcha de la cama, de mi cama, de nuestra cama, observo la luz de la
mañana. De una mañana nublada y con calma respiro ensoñatada la
belleza de las nubes que sigilosas, cubren el cielo con sus grises y
enredados cuerpos, creando un ambiente de claros oscuros, con algún
rayo de luz de sol incorporada.
Atraves de los
cristales de la inmensa ventana, el mar a lo lejos me devuelve una
sonrisa curvada, quizás esta tarde las olas se muevan al compás de
algún tango movido, o quizás solo de un vals tranquilo, pero
mientras lo deciden disfrutan del contacto suave de una bruma
disipada.
Aquí sentada,
rodeada de felinos dormidos, respiro la calma de una mañana nublada,
y me pregunto porqué, porqué en ocasiones la vida nos la marca algo
tan pobre como el miedo. Sentimiento que no nos deja pensar, que nos
hace perder momentos especiales, que nos muerde el alma y nos arranca
un pedazo importante de nuestro ser. Tantas y tantas personas en el
mundo y tantas formas de temer, de quedarnos reducidos a un punto
diminuto de lo que podríamos ser, de empequeñecernos por miedos,
miedos reales, miedos absurdos, pero miedos al fin y al cabo que si
lograsemos vencer podríamos vivir mas libres, mas intensamente, mas
reales.
Me descubro perdida
en el pelaje suave de mis gatos, en un sutil y acolchado ronroneo,
que mece mis ideas y mis sentimientos ligeramente, no vale la pena,
no sabemos si durará dos días, si uno, si medio, lo que si que
sabemos es que habrá valido la pena vivir si fue intenso, si pudimos
ser lo que habíamos pensado como entidad, si fuimos bondadosos con
nuestro propio sentir, sin fustigarnos tras cada error, ni
acobardarnos ante las irregularidades.
Miro el reloj, queda
menos para que vuelva del trabajo. Y sera increíble poder estar
juntos, de la mano, sintiéndonos la piel, el calor del otro,
sentados en la colcha de nuestra cama disfrutando juntos del mar, de
la luz de un día nublado, hablando de nuestros miedos sin dejar que
ellos hablen de nosotros.
Laura Gil Moreno de
Mora Feijoo
Vaya, me das envidia!!!, hace mucho que ni escribo, ni me meto en el blog. Como siempre muy bien escrito y con una banda sonora impresionante. ;)
ResponderEliminarMuchas gracias Paco!!! Pues escribe!!! Que tengo ganas de leer algo tuyo!!!!!
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