Con paso lento dibujó su estela en la arena, dejando detrás de su
marcha el rastro de sus huellas surcando las pequeñas dunas de la
playa. Las nubes lucían grises, amenazando al mundo, tapando el
cálido sol, enfadadas y seguras de si mismas, dispuestas a sembrar
aquella tristeza de la que se hallaban presas desde que la realidad
se había apoderado de sus Cúmulos Nimbos.
Mirando al cielo,
guiñó los ojos, deslumbrada por el extraño efecto de la ausencia
de sol reflejada en el gris pálido de las nubes. El desconcierto la
angustiaba, parecía asfixiar sus sentidos. Llegó por fin a la
espiga de rocas que se adentraba en el mar y sintiendo la fría y
húmeda piedra bajo sus pies, acopló su caminar sobre los pedruscos
hasta llegar a los que se situaban en último lugar, casi dentro del
mar. Y allí, apreciando la brisa en el rostro y algunas gotas de
agua salada salpicando su tez se sentó, abandonándose al ruido del
oleaje y a la tranquilidad del mar.
Dubitativa miró las
curvas de las olas, la belleza de un día nublado, el color del
horizonte, los barcos que perezosos parecían holgazanear esparcidos
sobre el inmenso puerto, parejas que a lo lejos, diminutas, caminaban
por el paseo marítimo. De pronto, un pinchazo agudo le recordó el
dolor que traía consigo, la desazón que bien le hubiese gustado
poder lanzar al mar y que se hundiese para siempre en las turbulentas
aguas saladas. Trago saliva como aquel que traga amarga hiel, y con
un suspiro se enfrentó a sus pensamientos que hirientes esperaban
para atacarla. Solo eran producto de observar, mirar lo absurdo de un
SI que en realidad quiere resultar ser una negativa, de valorar lo
amargo de un amor que se termina tras muchos años de cariño, de
vivir las sinrazones de una humanidad confundida que marcha en
tropel, adiestrada por unas cuantas normas de marketing y unas
cuantas sinrazones consentidas y valoradas a bien, en un mundo
carente de amor por los mismos hombres que lo viven. Y entonces, se
pregunto infinitamente entristecida ¿para que? Y volvió a sentir la
dulce brisa del mar, el bello horizonte que juguetón acariciaba el
lomo del océano, las grises nubes que lucían hermosas y
amenazadoras.... ¿Para que?
Laura Gil Moreno de Mora Feijoo
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