martes, 4 de junio de 2013

Música para leer ¿Para qué?

http://www.youtube.com/watch?v=cyBc3mdLrJk

¿Para que?

 Con paso lento dibujó su estela en la arena, dejando detrás de su marcha el rastro de sus huellas surcando las pequeñas dunas de la playa. Las nubes lucían grises, amenazando al mundo, tapando el cálido sol, enfadadas y seguras de si mismas, dispuestas a sembrar aquella tristeza de la que se hallaban presas desde que la realidad se había apoderado de sus Cúmulos Nimbos.

Mirando al cielo, guiñó los ojos, deslumbrada por el extraño efecto de la ausencia de sol reflejada en el gris pálido de las nubes. El desconcierto la angustiaba, parecía asfixiar sus sentidos. Llegó por fin a la espiga de rocas que se adentraba en el mar y sintiendo la fría y húmeda piedra bajo sus pies, acopló su caminar sobre los pedruscos hasta llegar a los que se situaban en último lugar, casi dentro del mar. Y allí, apreciando la brisa en el rostro y algunas gotas de agua salada salpicando su tez se sentó, abandonándose al ruido del oleaje y a la tranquilidad del mar.


Dubitativa miró las curvas de las olas, la belleza de un día nublado, el color del horizonte, los barcos que perezosos parecían holgazanear esparcidos sobre el inmenso puerto, parejas que a lo lejos, diminutas, caminaban por el paseo marítimo. De pronto, un pinchazo agudo le recordó el dolor que traía consigo, la desazón que bien le hubiese gustado poder lanzar al mar y que se hundiese para siempre en las turbulentas aguas saladas. Trago saliva como aquel que traga amarga hiel, y con un suspiro se enfrentó a sus pensamientos que hirientes esperaban para atacarla. Solo eran producto de observar, mirar lo absurdo de un SI que en realidad quiere resultar ser una negativa, de valorar lo amargo de un amor que se termina tras muchos años de cariño, de vivir las sinrazones de una humanidad confundida que marcha en tropel, adiestrada por unas cuantas normas de marketing y unas cuantas sinrazones consentidas y valoradas a bien, en un mundo carente de amor por los mismos hombres que lo viven. Y entonces, se pregunto infinitamente entristecida ¿para que? Y volvió a sentir la dulce brisa del mar, el bello horizonte que juguetón acariciaba el lomo del océano, las grises nubes que lucían hermosas y amenazadoras.... ¿Para que?


Laura Gil Moreno de Mora Feijoo