miércoles, 19 de diciembre de 2012

EL JARDIN



EL JARDIN



Puede y solo puede que fuese una sensación sin mas. Se planteó si no estaría volviéndose loco. Si no estaría fallándole el coco. Si todas esas emociones no serían fruto de la desazón. Y en el fondo que mas daba ya, a quien podía importarle, solo eran eso, sentimientos, locuras del alma, del corazón puede que incluso de la razón. Tomó entre sus manos la rosa blanca de su jardín de la infancia, aquella que crecía tras la madreselva florecida, a la derecha de la estatuilla mutilada. La miro melancólico, recordando los tiempos en los que había sido su orgullo, su flor preferida, su color. Ahora temeroso la vigilaba, algunos de los pétalos habían sido cruelmente rasgados y sangraban, manchando la nívea flor, volviéndola imperfecta, sucia, triste. Notó como se le llenaba el alma de lagrimas y con dificultad parpadeo varias veces, sus ojos secos ya, hacia años que no lloraban.
Y como estaba loco, decidió teñir los pétalos de su dulce flor de carmín. Sería como las demás. Una rosa común. No volvería a llorar por sus manchas ni por sus desperfectos. Solo seria una rosa roja, como cualquier otra de cualquier otro jardín.
Y mientras teñía sus pétalos con un largo pincel, dudaba si no debería haberla cuidado mas, si no debería haber sido guardián implacable de su blancura inmaculada. Pero que importaba ya, serian locuras del alma, del corazón...


Laura Gil Moreno de Mora Feijoo  

1 comentario:

  1. Me gusta!!! Tiene un bonito y apasionante aire melancólico que cala hasta los huesos, y te hace reflexionar sobre las flores que uno descuida en el jardin de su vida.
    Le falta una música acorde, pero ya se echaba de menos tus relatos, repito... me gusta ;)

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