Era una noche como
otra cualquiera, extrajo su larga varilla de plata. Brillaba con el
reflejo de la luna, creando extraños efectos de luz. Con ojos
rutilantes y una sonrisa escondida entres sus blancas barbas, se
inclinó sobre el pequeño durmiente. Arremangandose la brillante
túnica, arrulló la noche con un suave murmullo de seda crujiente.
Sobre los cabellos dorados del infante, realizó un suave toque con
su plateado instrumento y junto al extremo de la varilla salió una
masa transparente de tonos nacarados que comenzó a tomar forma en el
preciso instante en el que, con una suave melodía, soplaba desde el
otro lado del extremo del bastón. Una burbuja de tonos deslumbrantes
cayó lenta sobre el niño, fundiéndose sobre su tez y provocandole
una ligera sonrisa, que iluminó una milesima de segundo la noche.
Un sueño mas, otra
ilusión burbujeante en el corazón de un mortal, insuflada en el
alma por el Soñador, que vagaba entre las esperanzas escondidas, y
las hacia latir durante el crespusculo.
Nunca hubiese
imaginado que un día, aquellas burbujas perderían los colores, que
los hombres perderían sus ilusiones, y que él, dejaría sus paseos
nocturnos llenos de luz, sumiéndose en la mas profunda oscuridad de
la desesperación.
El Soñador,
cabizbajo, quedo hundido en un triste sopor, con su ennegrecida
varilla sobre las rodillas. Abatido, recordaba cada uno de los bellos
sueños que había soplado, cada una de las esferas, que obedientes
habían hecho volar a los mortales sobre parajes desconocidos. Pero
de aquel empobrecido instrumento solo salían burbujas negras que
dejaban indiferente al hombre, como si este hubiese perdido la
capacidad de soñar.
Una risa cruel, hizo
resonar la inmensa negrura que lo envolvía. Un hombre de traje
negro, corbata negra, camisa blanca y tez aun mas blanca, se acercó.
Se apoyaba, aunque parecía no necesitarlo,
sobre un elegante
bastón, y en la cabeza lucia un austero sobrero.
Aunque las
carcajadas habían cesado, no dejo de lucir una escalofriante sonrisa
en su torcida boca, mientras con paso lento se aproximaba al
entristecido Soñador.
Al tenerlo cerca,
lo reconoció. Era Realidad. Con una mano huesuda y pálida, sujetó
el hombro abatido del anciano y sonriente inclino triunfal la cabeza.
- ' Siempre lo he
pensando, los sueños son para los ilusos y fracasados'
Y dando media vuelta, se alejo presuroso, era un hombre ocupado.
Pasaron varias
noches sin sueños en las calles, solo la cruda realidad inundaba el
planeta. Y ocurrió que hombres, mujeres y niños dejaron de tener
ganas de vivir, pues ya no quedaban sueños por los que luchar. La
realidad fue enturbiandose y en poco tiempo, paso de estar viva y
robusta a enferma y moribunda.
Arrastrándose, un
hombre de traje negro, camisa blanca y tez aun mas blanca, ahora ya
sin sombrero ni corbata, y la cara cruzada de heridas y cicatrices,
se acercó de nuevo al Soñador, que continuaba inmóvil, con su
varilla negra en las rodillas y con la certeza en el alma de que
Realidad no dejaría soñar al mundo.
Pero sin ilusiones
no hay futuro, porque son las que mueven el corazón del hombre. Así
que de nuevo, y con la ayuda de una Realidad resignada, Soñador, volvía
a vagar con un bastón plateado soplando sueños a los mortales, para
que burbujeantes iluminasen la noche, aunque solo fuese por una
milésima de segundo.
Realidad me recuerda a los hombres grises de momo, me encanta que hayas relacionado a ilusión y realidad, dos caras de la misma moneda. Cuento lleno de esperanza hasta el final!!
ResponderEliminarAl igual que ilusión con sus sueños, no dejes de escribir nunca, la realidad no lo soportaría ;)
ResponderEliminarGracias Paco por tus comentarios :)) me anima muchísimo que me comentes cada relato y me digas que te parece. Gracias!
ResponderEliminarºoº!!
ResponderEliminarImpresionante!!
Sobre el modo de escritura nada que decir: PERFECTA.
Todos los detalles colcados delicadamente y en un orden impoluto, las descipciones no cansan y son un regalo para la imaginación.
Maravilloso.
Creo que deberías desarrollar la idea, y escribir un relato largo.
Me encanta!!! ^^