domingo, 4 de noviembre de 2012
Yaga
No se atrevió a
levantar la persiana, por si el sol la veía llorar. Miró el cielo a
través de la pequeña rendija por la que se colaba un tenue rayo de
luz. No sabia bien que hora debía ser. Tampoco le importaba. Se
sentía a salvo en la oscuridad de su cuarto. En silencio, intentando
sofocar la respiración acelerada del llanto, buscó a tientas una
cerilla y encendió un par de velas, iluminando así de manera suave
la habitación. Vio su rostro enrojecido en el espejo que reposaba
sobre la cómoda, avergonzada desvió la mirada con rapidez.
Detestaba esas gotas mojadas con sabor a sal, le recordaban cuan
frágil resultaba su emoción frente a la vida, la calidez de su
corazón en el invierno del día. Y enfadada se reprocho su falta de
fortaleza, su sensiblería, y una vez mas se prometió a si misma no
volver a llorar.
Con las palmas de
las manos secó las lagrimas que seguían cayendo rebeldes por sus
mejillas, recordaba perfectamente la ultima vez que se había hecho
aquella promesa, que se había propuesto firmemente no sufrir. Pero
parecía no ser demasiado inteligente y se hundía una y otra vez en
la esperanza, que fraudulenta se acercaba amorosa, asegurandole
tiempos felices que nunca duraban.
Puede que con el
tiempo, aquella yaga hiciese callo, puede...
Y entonces podría
vivir sin expectativas, sin caer en esperanzas vanas, sin estúpidas
ilusiones, solo exprimiendo la confianza que da la firme realidad.
Laura
Gil Moreno de Mora Feijoo
Puede...
A pesar de aquella
punzada de dolor continuó sintiendo, pero notó como se ralentizaba
su alma y amainaba el corazón. Quizás la felicidad solo sea una
ilusión en un desierto, un espejismo que se presenta en un momento
de sed y que después hilarante, desaparece irónica, riéndose entre
dientes, divertida, observando como miramos consternados como se nos
escapa la existencia sin ella.
Puede que sea un
ratón, y que nosotros como gatos nos pasemos como en una mala serie
cómica, todo nuestro tiempo persiguiendola, sufriendo sus ataques
jocosos, para que después en el ultimo momento, cuando parece que la
vas a tener entre las manos, se escape sonriente, sabiendo que jamas
podrás dar con su paradero.
Es fácil que la
Felicidad sea así, como la vida. Una broma burda, de mal gusto, que
espera turno para reír en ultimo lugar y justo entonces podamos
llegar a sospechar que no entendimos el chiste, que puede que no
tenga gracia y que mejor hubiese sido no pretender encontrarla nunca.
Puede que sea mejor
vivir sin ella, sin sus desplantes, sin sus idas y venidas, sin sus
locuras. Mejor dejar de leer novelas de fantasía y coger las riendas
de la cruda realidad que nos azota a diario y que bien mirado, puede
que sea mucho mas agradecida que esa loca bailarina que jamás le es
fiel a nadie, esa insurrecta y desabrida Felicidad.
Laura Gil Moreno de Mora
Feijoo
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